J R Montano

 


 

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„LO QUE EL RÍO ARRASTRA”

«… Vino a Cuba en alpargatas, con pantalones de pana, sin un quilo en los bolsillos y el estómago estrujao…»

Así llegó el 22 de febrero de 1912, con apenas 18 años cumplidos, después de un largo y duro viaje, MANOLETE. Acá en Cuba, lo espera su tío Don Atanasio Sánchez, el gallego más viejo de un pequeño poblado del norte de la provincia de Las Villas., lugar al que irá a residir y donde constituirá su propia familia.

A fuerza de trabajo y tenacidad, este gallego llegará a poseer, como buen campesino, una posición desahogada: será dueño de tierras, tejares, lanchas; logrará, incluso, casar a su hija con un joven de clase media. En esta situación se encontraba la familia al triunfar la revolución de Fidel Castro, que fue recibida por ellos con entusiasmo y a la que brindaron su apoyo. Sin embargo poco a poco se fue derumbando el mundo que con tanto esfuerzo construyeron, perdieron todas sus propiedades, el pueblo se fue destruyendo, y lo que es más doloroso, la familia, que antaño fue fuerte y unida, se deshace y se dispersa.

Además de Manolete y Atanasio, los verdaderos protagonistas son GABRIEL, hijo de Manolete, cuya historia personal está unida a la del pueblo cubano; toma de consciencia nacional a partir de su vinculación al Movimiento Ortodoxo lidereado por Chivás, participación en la lucha contra la dictadura de Batista y finalmente su adhesión incondicional al proceso revolucionario que se desarrolla a partir del 1ro de enero de 1959, y DAVID, su primo, quien desde muy pequeño comparte con él su vida y sus ideas hasta que defraudado, decide oponerse al régimen; ello lo llevará a la carcel y luego al exilio, desde donde vuelve a La Habana en la década de los 90 a participar en una conferencia internacional de exiliados cubanos. Ocurre entonces el doloroso encuentro entre estos dos hombre, separados por sus ideales, enlazados por una vida común, por fuertes lazos familiares, pero representantes de dos posiciones contrarias a la vida.

¿Qué sucederá en ese encuentro? …¿Cuál de ellos tendrá la razón?…¿A cuál asistirá la verdad?…¿Logrará la ideología, otra vez, truncar estas vidas, estos lazos de sincera amistad y amor familiar?

Los nombres de estos personajes, sus historias y sus vidas, están tomados de la realidad social y vivencial del autor y se entremezclan con otros, tomados de la realidad fantasiosa y popular, propia de los pequeños poblados del campo cubanísimo: Lila y José María, son la sabiduría, esa que otorga la mucha vida; ellos se convierten en apoyo al argumento de toda la novela, ellos no tienen edad. Doña Juana Petrona, Edelfirio, Gerónica, Aparecida, son personajes generados de verdaderas leyendas de amor y de muerte que tipifican la idiosincrasia del guajiro cubano. Rosita, la menor, la que se quema por la incomprensión de la familia y de un hércules de ébano que la posee y se va; la cotorra Brígida, calva, patizamba y al final muda, que sobrevive al trágico suceso del río desbordado que arrasa con todo lo viviente…

Junto a ellos, está el pueblo y su Río, testigo mudo y frío de la prosperidad y la decadencia, del nacimiento y la frustración de toda una generación que pudo serlo todo y terminó no siendo nada, de ese último y doloroso encuentro, desgarrador pero aleccionador y humano, entre Gabriel -él que se quedó- y David –él que se fué- y de esa tierra y de esas aguas que guardan, pulidas como las piedras aquilatadas por el tiempo, los sueños y las miserias de todos estos hombres.

La historia, aludida unas veces, veces, protagonista otras veces más, sirve de trasfondo y esencia en la que se van modelando las figuras de todos los personajes y de la vida de la nación; unas veces tratada por el testimonio vivencial: otras inspiradas en las fuentes de documentación de la época, que va entretegiendo toda ella: el exilio de los primeros pobladores, aquellos que en días más cercanos se fueron cruzando el estrecho de la Florida para quedarse allá y no volver jamás; los primeros años de la República, el Machadato, los Gobiernos Auténticos, la muerte de Chivás, el Batistato, el triunfo revolucionario de 1959… los acontecimientos más actuales, hechos insólitamente reales o realmente absurdos que dan fé de los días de hoy; máquinas limpiadoras de nieve que se exhiben como trofeos de la buena voluntad de un mundo cooperador que ya no existe, la siembra de arroz en las marismas de la costa, salitrosa e inculta, donde los buldozer; quedan atrapados como pequeños fósiles; sueños de planes quinquenales y de dirigentes de mentalidades rayando en lo absurdo; la Crisis de las Embajadas en la otrora muy ilustre San Cristóbal de La Habana; los actos de repudio, vía crucis de quienes en la década del 80 decidieron irse por el puerto de Mariel, la “crisis y la fiebre de los balseros”…En fin, la historia como tupida maraña donde crece todo lo bueno y lo malo, lo posible y lo absurdo casi imposible; y en el centro de ella; la familia, escindida desde la primera época formativa hasta la última, la que hoy vivimos y hacemos rememorando los sacrificios de los fundadores, de nuestros padres y abuelos.